ACE MUCHOS AÑOS, SI DURANTE AQUELLOS PASEOS por la calle con mi abuela, se cruzaba en nuestro camino una persona con alguna discapacidad física, mi abuela me decía "ten cuidado con ese impedido, no lo vayas a golpear". Hoy, impedido parecería una forma inhumana y ofensiva para señalar a una persona con esas condiciones.
He detectado una "evolución" en los eufemismos para dirigirse a este sector de la sociedad. Primero está el antes mencionado impedido. Probáblemente se les denominó así, porque estas personas están impedidas para realizar alguna actividad, ya sea ver, caminar, etc. Probáblemente ese calificativo pertenezca a los años cincuentas, o tal vez sea aún anterior. Sin embargo, a partir de los ochentas, hasta la fecha ha existido una transformación constante y progresiva de estos calificativos. Primero se usó inválido, siendo este, a mi parecer, aún más agresivo que impedido, puesto que inválido sería un afirmativo de que la persona en cuestión, no tiene valor alguno. Luego saldría minusválido, que ofrece la idea de que esa persona, tiene un valor menor que aquella con sus facultades completas. Luego de dos o tres calificativos más, que no tuvieron mucho auge, llegaría el actual y políticamene correcto eufemismo de persona con capacidades diferentes.
El uso indiscriminado del lenguaje, nos lleva a cometer errores garrafales como ese. La manipulación del idioma, ha sido históricamente utilizado con finalidades políticas, como se usara en la gestación del Tercer Reich alemán, y en otros casos similares dispersados por Europa, y durante las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, entre otros. En México, tenemos dos ejemplos recientes. Primero durante la campaña y administración del presidente Fox, y aún más cercano, la campaña (afortunadamente sin éxito) de López Obrador, que utilizaba (y sigue utilizando) la manipulación del lenguaje para conseguir una fractura y polarización de la sociedad mexicana.
Es así como por ejemplo, la nefasta división del masculino y femenino utilizada por nuestro presidente saliente, cuando dice, por ejemplo "mexicanos y mexicanas", desperdicia y desprecia una herramienta de generalización que nos proporciona nuestro idioma, para hacerlo más fluído. Hay qué recordar que un idioma es una herramienta de comunicación; y esta debe ser sencilla y fluída para que pueda lograr su cometido. Si aplicáramos "la regla" foxista en todos los casos, tendríamos conversaciones con frases como la siguiente: El dueño y la dueña del perro y la perra, dicen que cuando nazcan los cachorritos y cachorritas, se los regalarán a niños y niñas que necesiten compañía. Obviamente sería más fácil decir que los dueños de los perros, regalarán los cachorros a los niños que necesiten compañía. Sin embargo, esa marcada división entre lo masculino y lo femenino, cumple con la misión política de darle importancia a un sector sin duda importante en la sociedad: el de las mujeres. Pero es innegable, que los sectores aludidos por los eufemismos y malusos lingüísticos preferirían acciones que coadyuven a su desarrollo social, en lugar de un simple apelativo. Sin embargo, las instituciones públicas y autónomas, recurren a estos recursos con la única intención de hacer presencia ante la sociedad, tratando de quedar como órganos concientes de la realidad de las sociedades, trauduciéndose esto en votos (en tiempos electorales) o en recursos económicos, o simplemente en simpatía. Todo esto, aunque cometan errores de lenguaje garrafales. Total, ¿en qué perjudica?
Yo me pregunto, si el apelativo de persona de capacidades diferentes no le quedaría mejor a los personajes de Marvel y DC, ya que pueden volar, correr a la velocidad de la luz, ver a través de las paredes, levantar toneladas con un brazo, etc. Esas sí que son capacidades diferentes. Pero, ¿qué puede hacer una persona a la que le falta una pierna, que no pueda hacer una que tenga las dos? Lo único que se me ocurre es que se ahorra tiempo todos los días, al amarrarse únicamente un zapato en lugar de dos. Pero no creo que esa sea una capacidad diferente.
También, por otro lado, está el eufemismo de los viejitos. En este caso, además de las razones antes mencionadas, supongo que se suma una tendencia posmoderna, donde (desgraciadamente) los jóvenes conforman el sector más importante de la sociedad, y pareciera un insulto cumplir años en estos días. Sería ofensivo llamarle ancianas a las señoras que han gastado miles de dólares en cirugías estéticas, maquillajes y vestimenta para verse muchos años más jóvenes... aunque tengan setenta y cinco años y sean, como quiera que sean, efectivamente ancianas.
*Real Academia de la Lengua Española.
Por eso se inventó el eufemismo de personas de la tercera edad a finales de los noventa, pero probablemente alguien pensó que "la tercera (edad) es la vencida" y ráudos y veloces pasaron a sacarse de la manga, el modernísimo adultos mayores. También hay otro eufemismo que es el de personas de preferencias sexuales diversas o diferentes para englobar a los homosexuales, gays, bisexuales, trisexuales, cuatrisexuales o ya no sé cuántos habrá. Pero si tomamos textualmente el concepto de ese eufemismo, también englobaría a los zoófilos, pedófilos, pederastas, necrófilos y demás finezas.
Sin embargo, hay un eufemismo, que es totalmente repudiado, y este viene a ser la excepción de esta tendencia políticamente correcta en el lenguaje. Me refiero al de personas del sexo debil para referirse a las mujeres. Independientemente de los significados, el hecho es que estos eufemismos parecen nacer desde la compasión, y esa, me parece que es la mayor discriminación de todas: tener compasión por aquél que sea diferente.
Por todo esto, yo propongo, a manera de campaña contra la discriminación, que a todo se le llame por su nombre: a los ancianos, ancianos, a los homosexuales, homosexuales, a los discapacitados, discapacitados, y a las mujeres, demonios, no, perdón, mujeres.