POCALYPTO ES UNA PELÍCULA PROFUNDA. Para comprenderla son indispensables dos requisitos: haber terminado la primaria y tener la mente clara.
"Una gran civilización no puede ser conquistada desde fuera, hasta que se ha destruído a sí misma desde dentro". Esta es la frase con la que la historia comienza y la cual nos prepara para lo que estamos a punto de presenciar. Es una película profunda porque no busca únicamente el entretenimiento. Gibson la utiliza para enviar mensajes a la audiencia. Mensajes de alerta, de reflexión, que permitan a la humanidad estar concientes de las realidades que nos circundan, pero que a la vez nos provocan indiferencia. Realidades, que diferentes entre sí, por su nivel de repercusión, cada una representa un apocalypto, un fin de la existencia.
El primer mensaje, Gibson nos lo plantea con el abuso brutal y sangriento que practica la "civilizada" metrópoli maya, sobre pueblos periféricos: la escena donde la aldea es atacada, nos hace recordar a las repugnantes matanzas entre los tutsis y los hutus en Ruanda y Uganda. O el momento en que los aldeanos capturados son llevados a la metrópoli, nos conduce a las fotografías que se tomaran unos soldados a otros, en una prisión de Abu Ghraib, mientras que humillaban a prisioneros de guerra iraquíes. O la escena de los sacrificios, que nos enlaza con Auschwitz. Estos planteamientos son una protesta conciente sobre la imposición imperial de los Estados Unidos de América hacia (muchos) otros pueblos y regiones. O como lo hace Rusia con sus "ex propiedades" de Europa del Este particularmente con Chechenia. O la indignante guerra civil africana, entre muchos otros casos. Este mensaje es retomado al final de la cinta, cuando los conquistadores españoles están a punto de desembarcar en la playa: la toma donde aparece Hernán Cortés y demás comitiva solo dura un par de segundos, pero en ese instante roban cámara dos símbolos: la espada y la cruz. Gibson no toma partido, es tajante al condenar a todos por igual sin importar las buenas razones o malas excusas que unos tengan para someter y humillar a otros. Este es el primer apocalypto planteado por Gibson: el exterminio de la raza humana promovido por la intolerancia.
El segundo planteamiento se da durante la escena en la cima de la pirámide principal, donde se encuentra la élite de la metrópoli maya, cuando uno de los sacerdotes dirige su discurso al pueblo con habilidades de oratoria francamente extraordinarias, diciendo las siguientes palabras: "Estos son los días de nuestro gran lamento. La tierra está sedienta. La gran plaga infesta nuestras cosechas. El azote de la enfermedad nos aflije a su antojo. Dicen que esta lucha nos ha vuelto débiles. ¡Nos han hecho menos!, ¡dicen que no podríamos! Gran pueblo del estandarte del sol, ¡yo digo que somos fuertes!, ¡somos un pueblo con un destino!, ¡destinados a ser los amos del tiempo!, ¡destinados a ser los más cercanos a los dioses!". Todo esto sucedía mientras el pueblo exclamaba fervientemente después de cada una de las frases. Esta es una clara referencia a los grandes tiranos de la historia, como los Césares romanos, Adolf Hitler, Stalin, Saddam Hussein o recientemente Mahmoud Ahmadinejad, Hugo Chávez, Fidel Castro, George W. Bush, etc., tiranos que someten a sus pueblos y tarde o temprano los conducen a la muerte. Es un discurso que incluso me parece que fue pronunciado muchas veces el año pasado en el zócalo de la Cd. de México. Sabemos que no hay líder sin seguidores, pero Gibson nos recuerda que no hay tirano sin idólatras. Este es el segundo apocalypto mostrado por Gibson: el exterminio de la raza humana, promovido por el fanatismo de unos, y la megalomanía de otros.
Vamos con el tercero. Todo el mundo admira a los mayas por ser una civilización con grandes adelantos, como en las matemáticas (utilizando el cero), la astronomía (con la precisión de sus cálculos), la agricultura y otros temas. Pero resulta que este conocimiento se quedaba entre las élites. La élite maya comprendió que el conocimiento es poder, y ejerció este poder para someter a su pueblo. Gibson nos da cuenta de ello en la misma escena en la cima de la pirámide, cuando los sacerdotes y la familila real sabían con anticipación que en ese momento iba a acontecer un eclipse, y utilizaron este conocimiento para engañar al pueblo, y hacerles creer que era un mensaje del dios Kukulcán, logrando así justificar y ratificar el status de poder de la élite, ya que se "comprobó" una vez más, que efectivamente ellos eran los indicados para mediar entre el pueblo y los dioses. Al mostrarnos esto, Gibson está condenando la posición que las grandes potencias mundiales ejercen sobre los países del tercer mundo, secuestrando el conocimiento de los adelantos científicos y tecnología de vanguardia, utilizándolo como factor de poder político, económico y militar. Esto viene a repercutir en un desastre en la humanidad, al no contar con los recursos económicos suficientes para poder adquirir esas tecnologías para satisfacer las necesidades de elevar la calidad de vida a niveles aceptables, principalmente, el de la salud pública. Así se nos presenta el tercer apocalypto: el exterminio de la raza humana promovido por la ambición de poder desmedido.
El cuarto escenario se nos presenta con la persecusión de Garra Jaguar, cuando el líder y jefe del grupo lleva a sus subalternos y a sí mismo a la muerte. Este escenario probáblemente sea el más claro de todos, y nos conlleva a la segunda tormenta del desierto, donde EUA buscó la venganza por lo acontecido en Nueva York, y se encuentra en Bagdad y el resto de Iraq con una gran resistencia local. Solo nos falta poner en boca de la resistencia iraquí, las palabras de Garra Jaguar, ante la invasión: "Yo soy Garra Jaguar, hijo de Cielo Pedernal. Mi padre cazó en este bosque antes que yo. Yo soy Garra Jaguar!, ¡soy un cazador!, ¡este es mi bosque!, y mis hijos cazarán aquí con sus hijos después que me vaya, ¡vengan!", claro, con las adaptaciones pertinentes. Este es el cuarto apocalypto: el exterminio de la raza humana promovido por el odio y la sed de venganza.
El quinto planteamiento es menos sangriento, pero no menos importante. Gibson nos lo ofrece en la escena de la noche en que el anciano de la aldea cuenta una fábula: el hombre estaba triste e iba con cada uno de los animales para pedirle sus dones, y de esta forma adquiere la buena vista del búho, la fuerza del jaguar, y la sabiduría de los secretos de la tierra de la serpiente. Después de eso, el hombre se fue y el búho le dijo a los otros animales: ahora el hombre sabe mucho y puede hacer muchas cosas. De repente, tengo miedo. Entonces el ciervo dijo: ya tiene todo lo que necesita, ahora su tristeza acabará. Pero el búho respondió: No. En el hombre vi un agujero profundo como un hambre que jamás saciará. Es lo que lo hace triste y lo que hace que siempre quiera más. Seguirá agarrando y agarrando, hasta que un día el mundo dirá: Ya no existo más, y no me queda nada que dar. Gibson pone el dedo en una de las llagas más sensibles de los tiempos recientes: el desastre ambiental. A través de su historia el hombre ha aprendido los conocimientos necesarios de la naturaleza (la ciencia), pero se ha excedido en sus actos, y ha mordido la mano que lo ha cobijado y le ha dado de comer con incendios forestales, pruebas nucleares, cazas desmedidas de muchas especies animales, sobreexplotación de las selvas, contaminación de las aguas con químicos tóxicos y un largo etcétera. En plena época de huracanes y tornados violentísimos, tsunamis, derretimientos polares, y temperaturas extremas, Gibson nos muestra el quinto apocalipto: el exterminio de la raza humana promovido por la inconciencia y displicencia por la salud ecológica del planeta.
Quien haya asistido a la sala de cine a presenciar un documental histórico sobre los mayas, fue al lugar equivocado. La civilización maya únicamente sirvió como un vehículo para permitirle a Gibson recordarnos algunas cosas. Apocalypto es mucho más que la historia de una persecusión inverosímil. Su gran mensaje en general es "quien no conozca la historia está condenado a repetirla". Es una frase repetida hasta el cansancio, pero también despreciada hasta el cansancio. Por cierto que durante la cinta esto también se nos muestra: en la escena cuando llevaban a los prisioneros a la metrópoli y pasaron por un campo devastado y una niña (a la cual por cierto le deberían de dar el Óscar como la mejor actriz de reparto) profetiza lo que iba a ocurrir, pero los guerreros le dieron el mismo trato a esa niña, que nosotros a la Historia: huímos de los malos recuerdos, queremos olvidarnos de nuestro sangriento pasado. La misma niña le hizo esa pregunta al guerrero que tenía enfrente: "¿me tienes miedo?". Gibson nos hace ver que los humanos no necesitamos profetas, y que solo basta acercarnos al pasado pero sobre todo, comprenderlo, para conocer el futuro. La historia del hombre es una misma, repetida una y otra vez, con diferentes actores y escenarios. Es hora de cambiar esa historia. Es hora de buscar un nuevo comienzo.