VECES SOMOS EXPULSADOS de nuestras guaridas por una seudoclaustrofobia. El problema de esta es que no tiene hora específica de acción.
Esa vez, pasada la media noche, poniendo un pie delante del otro, terminé frente a un edificio de varios pisos, aún en construcción. Las calles estaban desiertas, y había absoluto silencio. De pronto una persona, que por su vestimenta supe que trabajaba en esa obra, comenzó a escalar una estructura metálica, que era ocho o diez metros aún más alta que el edificio, y permaneció en la cima varios minutos. No hacía nada, no había nada qué hacer ahí. Solo estaba parado, suspendido en alguna reflexión.
Momentos después bajó la vista, y me vio parado frente a él en la acera de enfrente, y me observó por largo rato. Algo me hizo creer que había un vínculo, un lazo parecido al que une a las hermandades y los clanes. En eso, sorprendí a mis labios susurrarando algo que decía erlöse mich, spring für mich, enttäusch mich nicht...
Me llevé las manos alrededor de la boca y grité fuertemente: ¡Salta!
En pocos minutos, el silencio, la soledad de las calles y la oscuridad de la noche... se rompieron.